martes, 19 de julio de 2011

A veces tienes que estar alejado de aquellos a los que quieres. Pero eso no significa que no los quieras, muchas veces eso te hace quererlos aun mas.
 no sabes lo que jode, no poder conseguirlo o quedarte a mitad de camino y no saber como seguir andando, no saber si correr, ESCAPAR Y OLVIDAR, o seguir adelante intentadolo y esperando que tarde o temprano se de cuenta de que esto merece mucho la pena. De mientras que el tiempo pasa, y yo me guardo los malditos sentimientos, espero que todo haya valido para algo, y sobre todo YA por pedir, pido aunque sea tarde, que quiera tenerme, que quiera que volvamos a reirnos juntos, que quiera volver a besarme, que vuelva a hacerle feliz. Y sinceramente, que si esto no es lo que el quiere, habrá que aguantarse y aceptar. Y por ultimo, que no se le olvide que lo quiero. y mucho.
Aunque reír es arriesgarse a parecer un tonto. Aunque llorar es arriesgarse a parecer sentimental. Aunque acercarse a alguien es arriesgarse a involucrarse. Aunque mostrar tus sentimientos es arriesgar tu yo interior. Aunque exponer tus ideas o tus sueños a una multitud es arriesgarse a perderlos. Aunque amar es arriesgarse a no ser amado de la misma manera. Aunque vivir es arriesgarse a morir. Aunque desear es arriesgarse a ser defraudado. Aunque intentar es arriesgarse a fallar. A pesar de todo, debes arriesgarte. Debes correr los riesgos simplemente porque el más grande de los peligros de la vida es no arriesgarse. Las personas que no arriesgan nada o nunca tienen nada, no hacen nada. Tal vez podrán evitar el sufrimiento y la tristeza, pero no logran aprender, sentir, cambiar, crecer o vivir. Prisioneros de sus temores, son esclavos que han renunciado a su libertad, pues sólo cuando una persona se arriesga, es libre. Los pesimistas se quejan del viento; los optimistas esperan confiadamente que los vientos cambien de dirección y los realistas, ajustan sus velas en la dirección correcta. Arriésgate. Es cierto que puedes perder, Pero... ¿Has pensado en lo que puedes ganar?
Después de aquella noche, pasaron cada momento juntos. Y de pronto, eran inseparables. Era un romance improbable. Él era un niño del campo. Ella era de la ciudad. Ella tenía el mundo a sus pies, mientras que él no tenía donde caerse muerto. No concordaban mucho. De hecho, siempre se peleaban y se retaban uno al otro. Pero a pesar de sus diferencias, tenían algo en común... Estaban locos el uno por el otro